Repetir los mismos patrones: cómo llevar el trabajo interior a tu vida real
Hola, bienvenida, me alegra que estés aquí , hoy te hablo de un tema importante: repetir los mismos patrones: por qué entenderlos no siempre es suficiente
Hoy quiero hablar contigo de algo que quizá te resulte muy familiar, especialmente si llevas tiempo recorriendo un camino de crecimiento personal y autoconocimiento. Has trabajado en ti, has intentado comprender tus heridas, tus emociones y tus relaciones, has hecho cursos, procesos, meditaciones, has leído libros y has dedicado mucho tiempo a mirar hacia dentro y, sin embargo, hay situaciones que continúan apareciendo en tu vida.
Quizá cambian las personas, cambia el escenario, pero la sensación vuelve a ser la misma. Te encuentras otra vez esperando una respuesta, intentando conseguir la atención de alguien, dando más de lo que recibes, aceptando algo que en realidad no quieres o reaccionando desde un miedo que creías haber superado. Y entonces aparece esa pregunta tan difícil de responder: ¿por qué sigo repitiendo los mismos patrones si ya he trabajado en mí
Antes de seguir, quiero decirte algo importante. Que sigas encontrándote con determinados patrones emocionales no significa que todo el trabajo que has hecho no haya servido. Tampoco significa que estés empezando de cero, muchas veces significa que has conseguido comprender algo, pero todavía necesitas llevar esa comprensión a otro lugar: a tu manera de vivir, de relacionarte, de reaccionar y de actuar y precisamente por eso hoy quiero hablarte de una historia muy antigua que puede ayudarnos a entenderlo de una manera sencilla: la parábola del sembrador.
La parábola del sembrador
En el Evangelio, Jesús cuenta la historia de un sembrador que sale a sembrar. La semilla que lanza es la misma, pero no todas las semillas terminan creciendo de la misma manera. Algunas caen junto al camino y las aves se las comen, otras caen en terreno pedregoso; germinan rápidamente, pero al no tener suficiente tierra y raíces profundas terminan secándose. Otras caen entre espinos y, aunque consiguen crecer, los espinos terminan ahogándolas. Finalmente, otras semillas caen en tierra buena, crecen, echan raíces y dan fruto.
La semilla es la misma, lo que cambia es el terreno.
Y para mí esta imagen tiene muchísimo que ver con lo que ocurre cuando hacemos un proceso de crecimiento personal, porque durante nuestro camino podemos recibir muchas semillas: una nueva conciencia, una comprensión sobre nuestra historia, una herramienta, una nueva manera de relacionarnos con nosotras mismas, el reconocimiento de un patrón emocional o incluso la certeza de que queremos vivir de otra manera. Pero recibir esa semilla no significa automáticamente que vaya a convertirse en fruto.
Cuando comprendes tu patrón pero sigues repitiéndolo
Aquí aparece una de las grandes contradicciones que muchas mujeres experimentan después de haber trabajado mucho en sí mismas. Saben lo que les ocurre, pero continúan haciéndolo.
Puedes saber que tienes miedo al abandono y seguir buscando a una persona cuando se distancia. Puedes reconocer que necesitas poner límites y, cuando llega el momento, volver a ceder. Puedes entender que estás acostumbrada a conformarte con poco y, aun así, volver a aceptar una relación en la que recibes muy poco. Puedes saber perfectamente que determinada situación te hace daño y continuar regresando a ella y esto puede generar una enorme frustración porque piensas: “Pero si ya lo he trabajado. Si sé de dónde viene, si lo entiendo, ¿por qué sigo aquí?”
Porque comprender un patrón es una parte del cambio, pero no es el cambio completo, un patrón emocional no vive únicamente en tus pensamientos. También aparece en tus comportamientos, en tus reacciones, en lo que toleras, en aquello que persigues, en los límites que sostienes y en las decisiones que tomas cuando una situación despierta tus emociones más profundas.
Por eso hay una diferencia enorme entre saber que quieres actuar de otra manera y conseguir hacerlo cuando el patrón vuelve a activarse.
El terreno también importa
Volvamos a la parábola, la semilla tiene potencial, pero necesita un terreno que permita que ese potencial se desarrolle y tu terreno es tu vida real.
Es lo que sucede cuando alguien no te responde, es lo que haces cuando tienes miedo de perder una relación, es cómo reaccionas cuando alguien se aleja, es la manera en la que te hablas cuando cometes un error, es lo que permites por miedo a quedarte sola, es el ambiente en el que vives y las relaciones que mantienes a tu alrededor.
Puedes trabajar profundamente tu autoestima y, sin embargo, continuar relacionándote desde la necesidad de que otra persona confirme tu valor, puedes comprender tu miedo al abandono y continuar persiguiendo a quien no está disponible, puedes descubrir que tienes un patrón de sobre entrega y seguir ocupándote de las necesidades de todo el mundo antes que de las tuyas.
La pregunta entonces deja de ser solamente “¿qué me pasa?” y empieza a ser “¿qué estoy haciendo con lo que ya he comprendido?”, ahí empieza a aparecer el verdadero cambio.
La semilla que cae entre las piedras
La parábola habla de una semilla que consigue germinar, pero no desarrolla raíces suficientes. Para mí, esta parte representa muy bien esos momentos en los que hacemos un proceso, sentimos que algo se ha movido dentro de nosotras y salimos con una nueva comprensión, pero cuando llega una situación emocionalmente intensa volvemos a reaccionar como antes. Mientras todo está tranquilo es fácil decir: “Ahora sé poner límites”, “ya no voy a perseguir a nadie”, “quiero una relación diferente”. La verdadera transformación aparece cuando tienes miedo, cuando sientes rechazo, cuando aparece la incertidumbre o cuando alguien que te importa se distancia, es ahí donde descubres cuánto ha echado raíces aquello que has trabajado.
Porque el objetivo del trabajo interior no es que puedas explicar perfectamente por qué eres como eres, el objetivo es que esa comprensión empiece a modificar tu manera de vivir.
La semilla entre los espinos
Después encontramos otra imagen muy potente: la semilla que cae entre espinos, crece, pero termina siendo ahogada.
También puede suceder esto en nuestra vida. Has hecho un trabajo personal importante, pero continúas alimentando las mismas dinámicas que quieres cambiar, quieres tranquilidad, pero mantienes relaciones que te mantienen constantemente en alerta, quieres sentirte valorada, pero sigues buscando reconocimiento en personas que no saben o no quieren ofrecértelo, quieres poner límites, pero continúas haciendo excepciones cada vez que aparece el miedo a perder a alguien.
Por eso el trabajo interior no consiste únicamente en mirar hacia dentro, también necesitamos observar qué estamos sosteniendo fuera. Porque tu entorno, tus relaciones y tus comportamientos forman parte del terreno en el que estás intentando hacer crecer esa nueva versión de ti.
Cuando la semilla encuentra tierra buena
Y entonces llegamos a la parte que más me gusta de la parábola: la tierra buena. Aquí la semilla puede crecer, echar raíces y dar fruto. ¿Y qué es el fruto cuando hablamos de transformación personal? es aquello que empieza a verse en tu vida, no solamente lo que piensas, sino cómo actúas, no solamente lo que has comprendido, sino lo que haces con esa comprensión, no solamente lo que deseas, sino lo que estás dispuesta a sostener.
El fruto puede ser ese día en el que alguien se distancia y tú ya no corres detrás, puede ser el momento en el que dices que no sin sentir que tienes que justificarte durante horas, puede ser reconocer una relación que no te ofrece lo que necesitas y dejar de intentar convertirla en algo que no es, puede ser elegir desde tu propio valor en lugar de elegir desde el miedo, eso es llevar el trabajo interior a la vida real Es aquí donde puede dejar de repetir los mismos patrones
Quizá no necesitas entender más, sino integrar lo que ya sabes
Después de años de crecimiento personal, es fácil caer en la búsqueda constante de una nueva explicación, otro curso, otro libro, otra técnica, otra respuesta que finalmente nos permita comprender por qué seguimos repitiendo los mismos patrones, y comprender es importante, pero llega un momento en el que necesitas mirar qué está ocurriendo con todo aquello que ya has aprendido.
¿Qué haces cuando aparece el miedo? ¿Cómo reaccionas cuando no recibes la atención que esperabas? ¿Qué ocurre con tus límites cuando tienes miedo de perder una relación? ¿Qué personas eliges? ¿Qué comportamientos continúan repitiéndose aunque racionalmente sabes que quieres otra cosa?, no para juzgarte, para observarte.
Repetir los mismos patrones puede resultar especialmente frustrante cuando sabes qué te pasa y llevas tiempo trabajando en ti, pero aun así sigues viviendo situaciones parecidas, y es que muchas veces el verdadero bloqueo no está en aquello que dices que quieres, sino en lo que continúas haciendo de manera automática, incluso cuando racionalmente sabes que quieres actuar de otra forma.
Aquí es donde la parábola del sembrador cobra todo su sentido, la semilla ya puede estar dentro de ti: quizá llevas años sembrando conciencia, conocimiento y trabajo interior. Pero para que esa semilla dé fruto, también necesitas mirar el terreno en el que está cayendo y preguntarte qué estás haciendo hoy para que aquello que has trabajado dentro de ti pueda crecer y transformar realmente tu vida.
El fruto es una vida diferente
Para mí, la transformación personal no consiste en convertirte en una mujer que nunca siente miedo, inseguridad o dolor, consiste en que esas emociones dejen de dirigir automáticamente tu vida. Porque puedes sentir miedo y poner un límite, puedes sentir tristeza y no regresar a una relación que sabes que no quieres, puedes echar de menos a alguien y no perseguirlo, puedes sentir inseguridad y seguir eligiéndote, puedes amar a una persona y, al mismo tiempo, reconocer que determinada dinámica no es para ti. Eso es lo que significa que el trabajo interior empiece a dar fruto. Por eso, la próxima vez que te preguntes “¿por qué sigo repitiendo los mismos patrones si ya he trabajado en mí?”, quizá no necesites buscar inmediatamente otra explicación sobre tu pasado, mira tu presente, mira tus relaciones, mira tus reacciones, mira tus comportamientos, mira aquello que continúas sosteniendo y pregúntate con honestidad: ¿qué necesita cambiar en mi vida para que todo lo que ya he trabajado dentro de mí pueda empezar a dar fruto fuera?, quizá no necesitas otra semilla… necesitas preparar el terreno. Ese puede ser el comienzo de una transformación mucho más real: una que no se queda únicamente dentro de ti, sino que empieza a verse en la vida que estás construyendo.
¿Sientes que has trabajado mucho en ti, pero sigues viviendo lo mismo?
Puedes saber de dónde viene tu patrón, entenderlo y haber trabajado mucho sobre él… y aun así seguir repitiéndolo en tu vida. En mi llamada gratuita de 45 minutos, podemos mirar juntas qué está ocurriendo ahora, qué patrón sigue apareciendo y qué está impidiendo que todo ese trabajo interior se refleje realmente en tu vida, no necesitas llegar con las respuestas, solo con aquello que estás cansada de seguir viviendo.
Reserva tu llamada gratuita y empecemos por ahí por dejar de repetir los mismos patrones
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